Entre la utopía y la (des)ilusión

La discusión sobre el real poder de libertad que la Internet nos puede proporcionar existe desde su creación y, ojalá, existirá para siempre. Creo que la mejor forma de innovar y evolucionar un medio es mantenerse crítico de él, por mejor que parezca ser. Y hoy, para hablar de este tema, tomo la ayuda de dos expertos sobre la Red: Daniel Innerarity (director del Instituto de Gobernanza Democrática y autor del libro ‘La democracia del conocimiento’) y Antoni Gutiérrez-Rubi (asesor de comunicación y autor del libro ‘La política vigilada’).

Empiezo mis reflexiones por un reciente artículo llamado “Desenredar una ilusión”, publicado en El País por Innerarity. Ya en el primer párrafo del texto, el escritor afirma: “La Red lleva años suscitando unas ilusiones de democratización que no se corresponden del todo con los resultados esperados”. Con relación a cuales son esas ilusiones, Innerarity menciona el anuncio de la “accesibilidad de la información, la eliminación de los secretos y la disolución de las estructuras de poder”. Aquí tenemos tres tópicos distintos, que están claramente relacionados y que me parecen un efecto en escala, es decir: la accesibilidad de la información posibilita la eliminación de los secretos y, así, podríamos llegar en la disolución de las estructuras, tradicionales, de poder.

Eulogia Merle
Dibujo de Eulogia Merle para el artículo de Innerarity en El País

Estoy completamente de acuerdo con el escritor cuando dice que la Red no nos ha proporcionado, todavía, los cambios que estudiosos optimistas habían previsto. Pero creo que hay que hacer ponderaciones.La Internet ha tenido poco más de dos décadas de existencia frente a estructuras políticas y económicas de poder establecidas hace siglos. Y no podemos olvidarnos de este contexto para discutir sus éxitos hasta ahora. Además, mismo con su poco tiempo de vida, la Red nos ha proporcionado ejemplos muy claros de objetivos alcanzados en los tópicos citados anteriormente. Sea información por medio de contenidos culturales (como música, películas, documentales o libros) disponibles gratis y masivamente en sitios como YoutubeDropbox o The Pirate Bay (que cambiaron la lógica de la industria de producción de música y ahora enfrentan el modelo de lucro de las grandes corporaciones audiovisuales);  por medio de contenidos políticos y económicos como los publicados en WikiLeaks o por medio de las redes sociales como Twitter y Facebook, que tuvieron clara influencia en la organización de movimientos como 15-M y Primavera Árabe.

Otro punto que me ha llamado la atención en el artículo de Innerarity fue cuando dice: “La información no fluye en el vacío sino en un espacio político que ya está ocupado, organizado y estructurado en términos de poder.” Y, más adelante en su escrito, afirma: “Internet no elimina las relaciones de poder sino que las transforma.” Con esas sabias afirmaciones,  Innerarity nos obliga a reflejar, por ejemplo, sobre el porque de la Red tener unos efectos sociales que varían de acuerdo con el contexto donde ocurren. El escritor también nos pone de frente con el límite de libertad ejercido por el control de información de corporaciones como Google o Microsoft, que eligen cuales contenidos aparecerán en nuestras buscas y lo que está permitido de ser encontrado en cada país. Por ejemplo, podemos citar la censura acordada por años entre Google y el Gobierno de China o, como menciona el autor, el caso de “Francia y Alemania [que] tratan de impedir el acceso a páginas antisemitas”. No fuera suficiente, es importante puntuar que los primeros resultados en buscas sobre temas de alcance nacional o internacional, siempre enseñan enlaces de grandes empresas de comunicación y, con eso, se mantiene una lógica de concentración de la audiencia.

Por última referencia al artículo de Innerarity, me gustaría hablar sobre la afirmación: “El acceso a los instrumentos de democratización no equivale a la democratización de una sociedad.” Es decir, la existencia de Internet no equivale a la democracia digital. Y aquí hay una importante diferencia de posicionamiento entre el autor y yo, mismo que estemos completamente de acuerdo en la afirmación. El escritor, con lo que dice, expresa en el texto una de las partes más claras de su pesimismo. Para mí, en cambio, la constatación de arriba sirve para que nosotros tengamos más y más ganas de comprender como podemos utilizar la Internet como herramienta para ayudarnos a llegar a una democracia más completa y justa, ya que mismo uno respetado pensador de la ala pesimista admite que la Red es, sí, un potente instrumento de democratización.

Ahora es la vez de hablar sobre el artículo de respuesta a Innerarity, escrito por Gutiérrez-Rubi y publicado en la misma sección de El País con el título “Transformar una ilusión“. En su texto, el autor escribe “No, todavía no ha llegado el momento de hacer un balance definitivo, de solemnizar y certificar la falta de capacidad transformadora de lo que se mueve en las redes sociales y en Internet. Todo lo contrario.” “Sobrevalorar es tan equívoco como infravalorar.” Con él, tenemos ahora un punto de vista optimista, que acepta las limitaciones enseñadas por Innerarity pero que cree que, mismo que no sea una panacea, la Red nos puede ayudar a ser mejores demócratas.

Eva Vázquez
Dibujo de Eva Vázquez para el artículo de Gutiérrez-Rubi en El País

Más adelante en su escrito, Gutiérrez-Rubi dice: “Esta cultura tecnológica, en su capacidad disruptiva y su penetración global, puede favorecer un ecosistema social en el que las personas pueden reconstruir su identidad individual y colectiva. Es la nueva conciencia del nosotros.” Este es un punto llave para comprender la esperanza que la Internet trae a sus admiradores y que tanto me fascina. En una sociedad en que se valora el sentimiento de individualidad y de ser “el mejor”, “el único” etc., pero que al mismo tiempo te impone miedo y te trata como un “trabajador más” que es fácilmente sustituible y como ciudadano sin poder de hacer nada más en su ciudadanía que ir un día ir a votar, el sentimiento/concepción de nosotros que empieza a se formar por la Internet es fantástico. Su fuerza viene porque se crean espacios donde la mayoría de las personas que no tienen donde exponer sus ideas pueden hacerlo. Descontentos y deseos de cambio pueden ser compartidos y personas que tienen objetivos comunes pueden unirse en busca de nuevas opciones, por medio de reflexiones y exigencias conjuntas. Tal característica de la Red no debe, me parece, jamás ser infravalorada.

“La Red no es tecnología. Es cultura. Es sociedad. Internet se ha convertido en un poderoso sensor social de temas y preocupaciones. Si la política quiere saber por qué se ha alejado, pareciendo irrelevante, de los problemas de la ciudadanía, debe reencontrar el camino conectándose.” Es así que Gutiérrez-Rubi contesta el temor de Innerarity de que la Red pueda crear tanto descontento con la política, sin traer cambios efectivos, que el sistema democrático podría estar en peligro. Todavía no puedo pensar en la Internet como algo más que una herramienta, así como Innerarity, pero creo, así como Gutiérrez-Rubi, que la Red está convertiendose en un sensor social y que los políticos tienen en ella un camino para reencontrar la aproximación con las demandas sociales.

Ya sobre el poder ilusorio que la Internet nos trae, Gutiérrez-Rubi contesta: “¿No es la ilusión por otro mundo mejor, otra política y otra cultura del trabajo y de la economía, motivo de esperanza democrática?” “La reconfiguración del conocimiento, la capacidad del empoderamiento de las multitudes y la superación del miedo y del individualismo, gracias a la colectividad, dotan a los movimientos sociales de una fuerza especial y mágica.” Como optimista que busco ser, no hay como no identificarme con las palabras del autor. Sus afirmaciones me acuerdan de una frase atribuida a Benjamin Franklin: “La democracia son dos lobos y un cordero votando sobre qué se va a comer. La libertad es un cordero bien armado rebatiendo el voto”. Creo que la Red, transformada en democracia digital, es una de las mejores armas que la sociedad civil, en cuanto cordero, puede aprender a manejar para luchar por libertad.

Por fin, tomo prestado el deseo de  Gutiérrez-Rubi para encerrar mi reflexión: Hagamos de la política vigilada una oportunidad para una democracia vigilante de derechos y deberes, de ciudadanos responsables, de poderes sometidos a la ley y a los valores democráticos, no por encima de ellos. Transformar la ilusión en acción y esta en alternativa. Este es el reto.

Conteúdo publicado em 29/4/2012 no blog Humanos Derechos como parte da disciplina Información Audiovisual, Multimedia y Educación, ministrada pelo professor Daniel Aparicio.

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